Jesús reconoció distintos niveles de compromiso

Jesús reconoció distintos niveles de compromiso

 

 

Jesús se dio cuenta de que cada persona se encuentra en un nivel espiritual diferente. Siempre me ha fascinado una conversación que tuvo Jesús con una persona que estaba en la búsqueda espiritual.

Él le hizo el comentario: “No están lejos del Reino de Dios” (Marcos 12:34, cursivas añadidas). ¿No estás lejos? He interpretado esto como que Jesús reconocía grados de comprensión y de compromiso espiritual, inclusive entre los incrédulos.

El ministerio de Jesús incluía ministrar a la Comunidad, alimentar a la multitud, reunir a la congregación, desafiar a los comprometidos y discipular al Núcleo. Estas cinco tareas se hacen evidentes en los evangelios.

¡Necesitamos seguir su ejemplo! Jesús comenzaba al nivel de compromiso de cada persona que encontraba. A menudo, sencillamente captaba su interés y creaba en ellos el deseo de conocer más.

Luego, a medida que la gente lo seguía, poco a poco y con amor Jesús definía claramente el Reino de Dios pidiendo un mayor compromiso para el reino. Pero él hacía esto solo cuando los seguidores habían llegado  al escalón previo.

En el primer encuentro que Jesús tuvo con Juan y con Andrés, sencillamente les dijo: “Venid y ved” (Juan 1:39). Él no cargaba a quienes recién comenzaban a seguirle con requerimientos pesados; simplemente los invitaba a ver.

Les permitía que observaran su ministerio sin pedirles que se comprometieran demasiado. Esto no era aguar el evangelio. Solamente estaba despertando el interés.

¡”Jesús comenzaba a la altura del nivel de compromiso de cada persona que encontraba, pero nunca los dejaba allí”!

A medida que este grupo de seguidores temprano creció y se convirtió en una multitud, Jesús comenzó lentamente a elevar el calor del horno. Con el tiempo, luego de tres años de ministerio público en medió de ellos, justo seis días antes de la transfiguración, Jesús les dio su desafío supremo a la multitud:

“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34).

El solo pudo pedirle esa clase de compromiso a la multitud luego de haberles demostrado su amor y de haber ganado su confianza. Creo que a un extraño o a alguien que visita por primera vez la iglesia probablemente él le diría:

 

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprendí de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descaso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29).

 

Jesús tomaba en cuenta que la gente tenía diferentes orígenes culturales, distintos grados de comprensión y distintos niveles de compromiso espiritual. Él sabía que no da resultado usar el mismo enfoque con todas las personas.

La misma idea que se encuentra detrás de los Círculos de compromiso. Es una estrategia sencilla que reconoce que ministramos a personas que se encuentran en diferentes niveles de compromiso.

Las personas no son todas iguales: tienen necesidades, intereses y problemas espirituales diferentes según se encuentren en su viaje espiritual. No debemos confundir lo que hacemos con la comunidad y con la multitud, con lo que hacemos con el núcleo.

Cada grupo requiere un enfoque diferente. Una multitud no es una iglesia, pero una multitud puede convertirse en una iglesia.  Encontrará el camino correcto para equilibrar su ministerio y producir una iglesia, pero una multitud puede convertirse en una iglesia.

Encontrará el camino correcto para equilibrar su ministerio y producir una iglesia saludable, al organizar la iglesia alrededor de los cinco propósitos y al identificar a las personas en su iglesia en términos de su compromiso con respecto a cada uno de esos propósitos

y al identificar a las personas en su iglesia en términos de su compromisos con respecto a cada uno de esos propósitos. Ahora ya está listo para el paso final, es decir, convertirse en una iglesia movida por un propósito: aplicar los propósitos a todas las áreas de la iglesia.